Capítulo I

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Excavaciones históricas en la Masería de Irace en el siglo XVIII

En pocos edificios podemos realizar el recorrido de todo lo que ocurrió en Pompeya como en esta pequeña casa hoy prácticamente desaparecida para los visitantes, aunque no para la investigación. Uno de los pocos lugares en los que podemos reconstruir con continuidad la historia de las excavaciones de Pompeya es la domus M. Espurio Saturnino y D. Volcio Modesto, también conocida como casa de la Diana Arcaizante, por el descubrimiento la semana el 10 de julio de 1760 de una escultura de mármol que se encontraba caída de su pedestal en el pequeño atrio del fondo. Excavaban en Pompeya en ese momento, a razón de seis días a la semana, dos maestros de obras, Antonio Esconamillo y Rafael Caruso, además de dieciséis peones con distintos salarios en función de la antigüedad y pericia. Uno de ellos, Miguel Corbato, recibió un pago extra de 35 granos por haber custodiado la estatua en su emplazamiento original durante tres noches y un día de domingo. Los gastos semanales ascendieron a cincuenta y nueve ducados y noventa y cinco granos, cifra que engloba el gasto ocasionado por el transporte de la estatua, los mármoles de guarnición del templete así como una columna del mismo. Se hicieron cuatro viajes, protegiéndose el cargamento con estopa para amortiguar los golpes y se fabricó una caja de madera para proteger la columna de estuco.

El área donde se excava era conocida en el s. XVIII como la Masseria de Irace. Era una finca rústica de grandes dimensiones. Abarcaba desde el Foro Triangular hasta la necrópolis de la puerta de Herculano.

La aparición de la estatua de Diana convierte el lugar de su emplazamiento en un referente topográfico para la llamada masería de Irace. Son frecuentes las menciones a ella en los partes de excavación para situar el hallazgo de otros objetos con referencias tales como “como a diez pasos de la Diana”. Las excavaciones se hacían retirando los pocos metros de ceniza volcánica que cubría la ciudad, aunque en algunos casos se recurría también al sistema de galerías que ya se había experimentado en Herculano por otras razones. La forma de excavar alternaba grutas y fosos en los que definiríamos como trabajo al aire libre y subterráneo. Cuando era posible se excavaba al aire libre pero se mantenían grutas por si llovía para poder trabajar a cubierto. Por este último método se había accedido en marzo de 1760 a la parte subterránea correspondiente a las cocinas de la casa de la Diana y al triclinio situado encima (Fig.). La aparición de dos cadáveres en el sótano de la casa, hizo pensar a sus excavadores que se trataba de una tumba cuyos espacios describen con suma precisión, incluido el larario, hoy muy deteriorado, situado en la cocina. En estas fechas se estaba excavando también en la masería de Nicola de Filippis, de Joseph Imparato y de Carlo Balzano y por este motivo no volvemos a identificar el trabajo en la casa con absoluta certeza hasta el mes de julio siguiente.

En las semanas siguientes a la aparición de la Diana los hallazgos no cesan. Se entra en el tablinum cuyo pavimento de gran belleza también se desmonta y se traslada a Portici y se continua el avance hacia el atrio y los espacios entorno a él, que es donde tienen lugar los descubrimientos más importantes. Pese a ello Camillo Paderni, en su pugna con los ingenieros, ordena abandonar el lugar y rellenar los fosos ya que desde el mes de agosto es él quien, con autorización de Tanucci, decide en qué lugares se debe intervenir. A lo largo del proceso de excavación de la Regio VII, asistiremos a las luchas de poder desatadas entre Paderni y Alcubierre. Independientemente de las razones de cada uno, la querella entre ambos llega a Madrid interviniendo el rey para intentar pacificarlos. En este debate, Weber suele ser descalificado por su interés en trazar la planimetría de la ciudad y pese sus argumentos en favor de continuar explorando la ínsula VII, 6, su opinión no es tenida en cuenta. Pese a que envía un pormenorizado oficio a Tanucci exponiendo sus argumentos, empezaron a taparse los fosos en la masería de Irace con el fin de devolver las tierras a su propietario. Inesperadamente hubo un desprendimiento, cayendo en el suelo dos cuadros que representaban una cierva de estuco blanco y un tigre por lo que la petición Weber es atendida y se continúan los trabajos de forma fructífera con el descubrimiento en torno al atrio multitud de objetos valiosos. La excavación continua hasta el mes de 23 de febrero de 1761 en que se pasa a la casa contigua, VII, 6, 38. Una parte de los hallazgos más sobresalientes son dibujados por Paderni y enviados al rey de España acompañando las cartas de Tanucci, en lo que constituye un caso sin precedentes en las excavaciones. Los dibujos de las piezas encontradas no solían hacerse inmediatamente ya que la intención de Le Antichitá di Ercolano es publicar las colecciones del Real Museo y no los hallazgos de las excavaciones, pero en este caso se trataba de informar al rey de la forma más gráfica posible. Años más tarde, en 1767, Paderni reunirá estos y otros dibujos en un álbum que enviará a Carlos III. Lo titula Monumenti Antichi Rinvenuti y en él se incluyen varias láminas de los objetos recuperados en la casa de la Diana. Entre ellos la propia Diana y otro del templete en que fue hallada que constituye uno de escasos documentos gráficos que se conocen en los que se representa la ubicación de una pieza.

La noticia del hallazgo de una escultura de las características de la Diana y, sobre todo el hecho de que conservase parte de su policromía trasciende rápidamente e entorno napolitano y la discreción que rodeaba a todas las piezas inéditas. Aun así Winckelmann puede incluirla en su Historia del Arte, gracias evidentemente a las facilidades dadas para ello por el propio Paderni. Lo planos que Weber hizo de la ínsula 6 se engloban en otro posterior levantado por su sucesor, de Francisco La Vega y fechado en 1809. En él se incluyen las viviendas excavadas ínsula VII.6, identificadas entonces como pertenecientes a la maseria de Irace en las proximidades de la estatua de la Diana (MNN 2615).

Las excavaciones por toda la ínsula VI continúan hasta el 3 de julio de 1762, fecha en que se rellenan, se aplanan los fosos y se indemniza finalmente al propietario conforme a los daños ocasionados evaluándose el total de los mismos. Quedaban así nuevamente cubiertas las estructuras y toda la parte decorativa que no había merecido interés, una vez destruidas las pinturas que a criterio de Paderni no merecían ser extraídas. Se pretendía con ello disuadir a posibles saqueadores que pudieran robarlas para ponerlas en el mercado en competencia con la empresa real. Esta práctica venía haciéndose desde 1757, pero cobra intensidad durante la dirección de Paderni en los primeros años 60 hasta el punto de que los ingenieros militares acaban denunciando estos hechos. Las fuertes críticas de que fueron objeto estas destrucciones dieron lugar a que el propio Carlos III interviniera dando órdenes precisas desde Madrid de no continuarla.

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Referencias bibliográficas
  • Alonso Rodríguez, Mª del Carmen. “Documentos para el estudio de las excavaciones de Herculano, Pompeya y Estabia en el siglo XVIII bajo el patrocinio de Carlos III.” Bajo La Cólera Del Vesubio. Valencia, (2004): 49–81. ISBN: 9788448237813  
  • Alonso Rodríguez, Mª del Carmen. “Venerdì a Portici. Il Museo Ercolanese nei ricordi di Carlo III.” En Herculanense Museum. Laboratorio sull’antico nella Reggia di Portici. Nápoles (2008): 105–115. ISBN: 9788851005719
  • Bragantini, Irene. “L’archeologia del Duemila incontra il Settecento. Ercolano e Pompei: lo scavo e la documentazione degli apparati decorativi.” En Herculanense Museum. Laboratorio sull’antico nella Reggia di Portici. Nápoles (2008): 173–187. ISBN: 9788851005719   
  • Fernández Murga, Félix. Carlos III y el descubrimiento de Herculano, Pompeya y Estabia. Salamanca, 1989. ISBN: 9788474815221
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  • Strazzullo, Franco. Alcubierre-Weber-Paderni: un difficile tandem nello scavo di Ercolano-Pompei-Stabia. Nápoles, 1999.
  • Winckelmann, Johann Joachim. Historia del Arte de la Antigüedad, trad. J. Chamorro Mielke. Madrid, 2011. ISBN 9788446030614
  • Winckelmann, Johann Joachim. Sendschreiben von den Herculanischen Entdeckungen. Dresde, 1762.

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